Estas manos no son frágiles. Son cansadas, sí. Son honestas. Son manos que no mienten. No están hechas para aparentar, sino para hacer. Para sostener, para crear, para resistir.
Si tienes venas visibles, probablemente has sentido el peso del mundo alguna vez. Probablemente te exigiste más de lo que otros veían. Probablemente aprendiste a seguir incluso cuando nadie miraba.
Y eso no es debilidad.
Eso es carácter.
Eso es historia.
Eso es humanidad.
Porque al final, las venas visibles no hablan de edad ni de estética. Hablan de alguien que vivió de verdad. De alguien que sintió. De alguien que no pasó por la vida de puntillas.
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