Aún no tengo mi vida completamente resuelta, pero ya no me siento perdido. Llegué a esa cabaña con la intención de desaparecer, y terminé siendo encontrado por dos vecinos que me adoptaron entre cazuelas quemadas y dolor compartido. Aprendí que la sanación no ocurre en soledad; ocurre en la presencia de otros, en
comidas imperfectas y en silencios llenos de cuidado. A veces, la familia no es la que planeas, sino la que aparece una y otra vez, con amor disfrazado de desastre en una fuente para horno.
Leave a Comment