“Un grupo de personas”.
Puse los ojos en blanco.
Ella se rió, me besó la frente y se fue.
Miré la tableta.
Entonces mi pulgar se congeló.
Entre docenas de perfiles había una fotografía en blanco y negro.
Mi fotografía.
Diecisiete años.
Delgado.
Nervioso.
De pie junto a una hermosa chica con un vestido blanco de graduación.
Su mano estaba metida en la mía.
Mi corazón casi se detuvo.
Evelyn.
Mi primer amor.

La chica que desapareció el día después de la graduación.
La chica que había pasado años tratando de olvidar y décadas preguntándome.
Bajo la fotografía había un mensaje.
“Esto no es una broma. Estoy buscando a David. Puede que me odie y tiene todo el derecho. Pero me estoy quedando sin tiempo, y hay una cosa que enterré en 1975 que merece escuchar”.
Mi pecho se apretó.
Por un momento no pude respirar.
Cincuenta años desaparecieron.
De repente ya no tenía setenta años.
Tenía diecisiete años otra vez.
Esperando.
Confundido.
Con el corazón roto.
He hecho clic en su perfil.
Cabello plateado.
Arrugas.
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