“Entiendo. Pero hay algo más. Él firmó una autorización con el nombre de su empresa… y con su nombre.”
A Mariana se le heló la espalda.
“Guarden la cuenta, los videos, la firma y cualquier comunicación”, dijo. “Yo no autoricé nada.”
A las 10:15, Mauricio mandó el último mensaje de la noche:
Te vas a arrepentir de haberme humillado.
Don Gustavo leyó la pantalla una sola vez.
“No, hija”, dijo con voz baja. “El que se va a arrepentir es él.”
Y Mariana todavía no sabía que aquella cuenta rechazada solo era la punta de una traición mucho más sucia…
PARTE 2
A la mañana siguiente, Mauricio llegó al edificio de Salazar Diseño de Interiores, sobre Reforma, usando lentes oscuros aunque el cielo estaba gris y llovía.
Lupita, la recepcionista, llamó desde la entrada.
“Señora Mariana, el señor Beltrán está aquí. Dice que es urgente.”
Mariana miró por la ventana de su oficina, 30 pisos arriba.
“No lo dejes subir. Llama a seguridad.”
Lupita bajó la voz.
“Ya está gritando.”
Claro que estaba gritando.
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