Pidió ostiones importados, cortes wagyu, 2 botellas de vino francés, cocteles con polvo dorado y música privada porque Ximena quería “celebrar que por fin la trataban como reina”.
Luego llegó una bandeja de joyas.
La boutique interna del club ofrecía piezas exclusivas para socios. Ximena escogió un collar de zafiros de 640,000 pesos.
Mauricio, mareado de orgullo, sacó la tarjeta negra empresarial de Mariana y la puso sobre la carpeta de piel.
“Cárguelo todo aquí”, dijo.
La cuenta total fue de 990,000 pesos.
El mesero volvió 3 minutos después, pálido.
“Señor Beltrán… disculpe. El pago fue rechazado.”
Mauricio frunció el ceño.
“Pásela otra vez.”
“Ya lo hicimos.”
“Use la tarjeta de respaldo.”
El mesero tragó saliva.
“Señor… todas las tarjetas vinculadas aparecen restringidas.”
Ximena dejó de sonreír.
Mauricio arrebató la cuenta, vio el total y se puso blanco.
Al otro lado de la ciudad, el celular de Mariana empezó a vibrar como loco con alertas de fraude.
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