Me llamo Laura.
El hombre que me crio trabaja para la ciudad. Mi padre, Miguel, ha sido recolector de basura toda su vida. Mi madre murió cuando yo tenía apenas tres años y, desde entonces, fuimos solo nosotros dos en un pequeño apartamento.
No teníamos lujos. Nunca los hubo.
Pero jamás faltaron la calefacción en invierno, la comida en la mesa ni la sensación de seguridad. Mi padre salía antes del amanecer y volvía exhausto, con el cuerpo cansado y las manos marcadas por el trabajo. Aun así, nunca faltó a una reunión escolar, a un acto o a mi cumpleaños.
Cuando alguien le preguntaba a qué se dedicaba, no bajaba la mirada. Solo decía:
“Trabajo para la ciudad. Es un trabajo honesto”.
Leave a Comment