Seis meses después, me entregó un sobre. Un viaje nuevo. Planeado con respeto. Con elección.
No como disculpa, sino como compromiso.
Acepté.
Esta vez viajamos juntos. Como compañeros.
Dos personas que se eligen
En una playa tranquila hablamos de sueños, miedos y errores.
—Nunca te pregunté qué querías de la vida —me confesó.
Yo también aprendí algo importante: el amor no es esperar en silencio, es ser elegida todos los días.
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