Desde una perspectiva inspirada en Carl Jung, este rasgo tiene sentido. Jung sostenía que el ser humano no vive únicamente desde lo consciente, sino también desde un mundo interior profundo que se expresa a través de símbolos, intuiciones y emociones. Las personas nacidas en este período suelen tener una percepción más intensa de ese mundo interno. Por eso no es raro que se hagan preguntas existenciales desde edades tempranas, que sientan incomodidad frente a lo superficial o que experimenten una fuerte sensibilidad ante la injusticia y el vacío de sentido.
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