Otra explicación importante tiene que ver con la seguridad emocional. Aunque los gatos sean cazadores por naturaleza, también conservan conductas defensivas propias de animales que, en estado salvaje, pueden convertirse en presas. Dormir cerca de la persona con la que conviven les genera una sensación de protección. El rostro del humano, al estar asociado con cuidado, alimento y rutina, se convierte en el punto más confiable del entorno durante el descanso.
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