Las cenas muy abundantes o ricas en grasas también pueden afectar el descanso.
Alimentos fritos o muy grasos hacen que la digestión sea más lenta y que el organismo tenga que trabajar más durante la noche. Esto aumenta la actividad metabólica y puede elevar ligeramente la temperatura corporal, dificultando el mantenimiento del sueño profundo.
En lugar de descansar, el cuerpo continúa trabajando para digerir los alimentos.
Reflujo y molestias digestivas
Las cenas con alimentos muy picantes, ácidos o cítricos pueden provocar reflujo gastroesofágico durante la madrugada.
Esta sensación de ardor o incomodidad suele aparecer varias horas después de cenar y puede despertar a la persona incluso si estaba profundamente dormida.
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