Ni testigos.
Ni rastro del coche.
Era como si los tres adolescentes —y su vehículo— simplemente hubieran desaparecido.
Los días se convirtieron en semanas.
Las semanas en meses.
Y el caso, inicialmente local, se convirtió en un misterio regional.
Los titulares se extendieron:
“Tres adolescentes desaparecidos tras el baile de graduación”
“Desaparición en Ohio: sin pistas”
“Coche desaparecido sin dejar rastro”
El silencio era ensordecedor.
Un posible accidente.
Una fiesta secreta que salió mal.
Un pacto de fuga.
Incluso un acto criminal.
Pero nada encajaba.
Porque un hecho era innegable:
No había pruebas.
Para las familias, el tiempo se detuvo.
Leave a Comment