Un método clásico y accesible es hacer gárgaras con agua tibia y sal. Esta combinación ayuda a limpiar la garganta, reducir la irritación y arrastrar parte de la mucosidad. Realizadas varias veces al día, pueden aliviar notablemente la sensación de flema persistente, especialmente cuando hay irritación por carraspeo frecuente.
El ambiente en el que se vive también influye. El aire seco favorece que la mucosidad se espese y se adhiera a la garganta. Por eso, mantener una buena humedad ambiental, especialmente durante la noche, puede marcar una gran diferencia. Dormir en un ambiente demasiado seco suele empeorar la congestión matinal. Elevar ligeramente la cabeza al dormir también ayuda a evitar que la flema se acumule en la garganta.
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