Sabía leer contratos, sabía cuando un número no cuadraba, sabía negociar con proveedores y empleados. Pero ella miraba a Velasco arquitectos y veía solo lo que quería ver, 4 millones de pesos al año entrando. Su abogada, Flavia Mendoza, no era ninguna novata. armó la demanda sobre bases bastante sólidas, argumentando que el préstamo del 11 constituyó una inversión en el despacho, dándole a Beatriz derecho a una participación en el valor de la empresa. También metió un cobro por separado por el valor del préstamo en sí, dos frentes legales al mismo tiempo.
Beatriz le estaba pagando 2000 pesos la hora a esta mujer y quería resultados rápidos. Pero Beatriz no se conformó con esperar al sistema judicial. Decidió empezar a administrar su nuevo imperio inmediatamente. A la semana siguiente de meter la demanda fue al despacho Velasco Arquitectos, una oficina en el segundo piso de un edificio comercial sobre avenida Insurgentes. Entró como si fuera la dueña del lugar y empezó a presentarse con los empleados. Eran solo cuatro personas, dos pasantes de arquitectura, una secretaria y doña Rosa, la contadora, que llevaba con Ricardo 5 años.
Beatriz les dijo a todos que estaba asumiendo la supervisión de las operaciones y que se venían cambios. Le pidió a doña Rosa que imprimiera los reportes de ingresos de los últimos 3 años. Doña Rosa imprimió. Beatriz miró la primera línea. Facturación anual 4,50,000 pesos. Asintió con la cabeza como quien confirma algo que ya sabía y se fue. Nunca pidió los reportes de gastos, nunca preguntó por las deudas, nunca abrió una sola carpeta que no tuviera la palabra ingresos escrita en ella.
Es como mirar solo los depósitos en tu cuenta bancaria y decidir que eres millonario. Después empezó a llamar a los clientes de Ricardo. Uno por uno consiguió los números y les marcó para presentarse como la persona que estaría supervisando la transición. No tenía autoridad legal para hacer eso. No tenía cédula profesional ni estaba en el colegio de arquitectos. No sabía diferenciar un plano arquitectónico de uno topográfico, pero Beatriz creía que la confianza era lo mismo que la competencia y confianza le sobraba.
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