Mi marido, un millonario, pensaba que nunca lo dejaría… hasta que le pedí el divorcio.

Mi marido, un millonario, pensaba que nunca lo dejaría… hasta que le pedí el divorcio.

—¿Me amas?

Emiliano bajó la mirada.

—Mariana…

—Sí o no.

El silencio fue la respuesta.

Ella se puso de pie.

—Quiero el divorcio.

—No puedes decidir eso así.

—No lo decidí hoy. Solo hoy dejé de mentirme.

Durante las siguientes semanas, Mariana actuó con una serenidad que desconcertó a todos. Contrató a una abogada, separó documentos, empacó sus cosas y dejó intacto todo lo que no le pertenecía.

Emiliano intentó detenerla 3 veces. Primero le habló de los años juntos. Luego dijo que Viviana no significaba nada. Después la acusó de destruir el matrimonio por orgullo. En ninguna de esas 3 conversaciones le dijo que la amaba.

Doña Bárbara apareció una tarde, vestida de blanco, con lentes oscuros y la arrogancia de quien cree que el dinero es una forma de parentesco.

—Piensa bien lo que haces. Sin Emiliano no eres nadie.

Mariana le sirvió café sin sentarse.

—Llegué con lo mío y me iré con lo mío.

—Él construyó demasiado.

—Lo único valioso que había aquí ya se murió. El divorcio solo va a recoger los escombros.

Doña Bárbara se fue dando un portazo.

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