—No puedes hacer eso.
—Ya lo hice.
—¡Vivimos aquí!
—Hasta dentro de diez días.
Sofía dejó escapar un pequeño grito.
—¡Estás loco!
—Tal vez.
Javier dio un paso hacia mí.
—Papá, cancela eso.
Negué con la cabeza.
—No.
—Te estoy diciendo que lo canceles.
—No puedo.
—¿Por qué?
Lo miré.
—Porque esta mañana, mientras tú estabas en la oficina jugando a ser un gran empresario…
hice una llamada.
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