Mi hijo me golpeó 30 veces frente a su esposa — así que vendí su casa mientras él trabajaba.

Mi hijo me golpeó 30 veces frente a su esposa — así que vendí su casa mientras él trabajaba.

Le extendí el pequeño paquete envuelto en papel marrón.

No era gran cosa. Un reloj antiguo que había usado durante veinte años cuando aún trabajaba en obra. El cristal estaba un poco rayado, pero seguía funcionando perfecto.

Javier lo miró como si fuera un objeto extraño.

—¿Qué es esto?

—Un reloj. Pensé que te gustaría.

Lo abrió delante de todos. Hubo un pequeño silencio incómodo.

Sofía apareció detrás de él con una sonrisa torcida.

—¿Un reloj usado?

Algunos invitados soltaron una risa breve.

Javier levantó el reloj entre dos dedos.

—Papá… —dijo con una sonrisa tensa— esto… esto no encaja mucho con la fiesta.

—No tiene que encajar —respondí—. Solo tiene que recordar algo.

—¿Recordar qué?

—El tiempo.

La sonrisa de Javier desapareció un poco.

Sofía intervino rápidamente.

—Cariño, deja eso. Tenemos invitados.

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