Ignacio se levantó de golpe.
“¿Qué nombre dio?”
“Dijo llamarse Rafael.”
El doctor palideció.
“No lo dejen subir.”
Mariana lo miró.
“¿Lo conoce?”
Ignacio no respondió.
La residente agregó:
“También dijo algo raro. Dijo que si usted estaba aquí, señora Mariana, no le entregara al bebé a nadie de apellido Valdés.”
El silencio cayó como una piedra.
Ignacio caminó hacia la puerta, furioso.
“Seguridad debe sacarlo ahora mismo.”
Mariana sintió que el miedo se convertía en rabia.
“¿Por qué no quiere que hable con él?”
“Porque no sabes quién es.”
“Pues usted tampoco me ha dicho quién es de verdad.”
De pronto, las luces parpadearon. Una vez. Dos. Luego todo el piso quedó en penumbra. La planta de emergencia tardó unos segundos en encender, y en ese hueco oscuro el bebé comenzó a llorar.
La enfermera cerró la puerta con seguro, pero alguien tocó desde afuera.
Tres golpes suaves.
Luego una voz masculina dijo:
“Mariana, no soy tu enemigo. Adrián me pidió que cuidara a su hijo.”
Ignacio dio un paso atrás.
La voz continuó, más firme:
“Y usted, doctor Valdés, ya no va a esconder a Tomás otra vez.”
Mariana sintió que la sangre se le helaba. El hombre del pasillo no venía a contar una historia. Venía a romperla por completo.
¿Qué creen que esconde realmente el doctor Valdés: una pérdida, una mentira o algo mucho peor?
PARTE 3 Para obtener más información,continúa en la página siguiente
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