Entré al funeral del abuelo de mis hijos con los cinco vestidos de negro,

Entré al funeral del abuelo de mis hijos con los cinco vestidos de negro,

—¿Era nuestro abuelo? —preguntó Mateo.

Valeria asintió.

—Entonces queremos despedirnos.

Por eso estaban allí, en el panteón privado de la familia, frente a Beatriz y decenas de invitados que ya empezaban a murmurar. Los 5 niños tenían los ojos de Sebastián, su mandíbula, su manera de fruncir el ceño. Era imposible no verlo.

Beatriz dio un paso hacia Camila.

—Esta mujer los está usando para hacer un espectáculo.

Valeria le sujetó la muñeca antes de que tocara a su hija.

—No vuelva a ponerle una mano encima.

En ese instante, Sebastián se volvió desde el ataúd. Miró primero a Mateo, luego a Nicolás, Diego, Camila y Sofía. Su rostro perdió el color. Parecía estar viendo su propia infancia repetida 5 veces.

—Valeria… —susurró—. ¿Quiénes son?

Ella levantó el sobre.

Antes de poder responder, Beatriz dejó escapar una frase tan desesperada que todos la escucharon:

—No abras esos documentos aquí.

Y Sebastián, por primera vez en una década, miró a su madre como si acabara de descubrir a una desconocida.

¿Qué habrías hecho tú en el lugar de Valeria: revelar la verdad frente a todos o proteger a los niños y marcharte? Cuéntalo y espera la segunda parte.

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