Existe un hábito que muchas personas consideran saludable, pero que puede ser peligroso para algunos adultos mayores.
Se trata de tomar una ducha muy fría inmediatamente después de despertarse.
En los últimos años, las duchas frías se han vuelto populares por sus supuestos beneficios para la energía y la circulación. Sin embargo, en personas mayores o con problemas cardiovasculares, el impacto del agua fría puede provocar una reacción brusca del organismo.
Cuando el cuerpo recibe un choque repentino de frío, ocurre un fenómeno llamado vasoconstricción periférica.
Esto significa que miles de pequeños vasos sanguíneos en la piel y las extremidades se contraen de manera repentina para conservar el calor.
El resultado es un aumento repentino de la presión arterial.
En algunos casos, este aumento puede ser considerable en cuestión de segundos.
Para un corazón sano puede no representar un problema, pero para un corazón con arterias más rígidas o con antecedentes de hipertensión, el impacto puede ser significativo.
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