Para crecer psicológicamente, todo hijo necesita separarse emocionalmente de sus padres. Este proceso, conocido como individuación, implica cuestionar, discutir, marcar diferencias y tomar distancia
Lo que para el hijo es una búsqueda de identidad, para la madre muchas veces se vive como rechazo o abandono. Sin embargo, en muchos casos no hay falta de amor, sino una necesidad de afirmar el propio “yo”. Cuando esta distancia se vive con culpa o se intenta impedir, suele intensificarse aún más.
3. Descargar el dolor donde se siente seguridad
Muchas veces, el hijo descarga su frustración, su enojo o su malestar interno en la persona que siente que no lo va a abandonar. La madre, al representar un vínculo incondicional, se convierte en ese lugar “seguro” para proyectar lo que no puede manejar.
Por eso puede ocurrir que un hijo sea amable con el mundo y duro con su madre. No es justo ni sano, pero entender que ese trato muchas veces habla más del conflicto interno del hijo que del valor de la madre puede ayudar a no transformar ese dolor en autodesprecio.
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