Las mujeres con estilo refinado saben que el lujo no necesita anunciarse a gritos. Cuando una prenda está cubierta de logos grandes o repetidos, la imagen puede verse forzada y menos sofisticada.
La verdadera elegancia se nota en la calidad del tejido, en el corte, en la caída de la prenda y en cómo armoniza con quien la lleva. No depende de mostrar una marca de forma evidente.
Una camisa sencilla, un pantalón bien confeccionado o un bolso de líneas limpias suelen proyectar mucho más que cualquier logo excesivo.
7. Cejas demasiado oscuras o con efecto artificial
Las cejas enmarcan el rostro, y por eso influyen muchísimo en la expresión. Cuando están demasiado marcadas, muy oscuras o dibujadas con trazos rígidos, pueden endurecer las facciones.
Un acabado artificial suele sumar severidad y restar frescura. En cambio, unas cejas ligeramente definidas, en un tono armónico con el cabello y la piel, suavizan el rostro y aportan equilibrio.
La elegancia no necesita dureza para transmitir presencia. Muchas veces, un acabado más natural resulta mucho más favorecedor.
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