Cuando muera irá directamente a Pablo y Lucía, no a David, no a Cristina, a mis nietos, con instrucciones de que solo pueden acceder a él cuando cumplan 25 años y solo si demuestran que han tratado bien a sus propios padres. A veces me pregunto si fui demasiado duro, si debería haber perdonado, si debería haber dado segundas oportunidades, pero luego recuerdo las palabras de Cristina, vete y muere en la calle. Y sé que hice lo correcto, porque la familia no se trata solo de sangre, se trata de respeto, de dignidad, de amor.
Y cuando esas cosas desaparecen, lo único que queda es una relación transaccional. Y en las transacciones todos pagan lo que deben.
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