El mayor éxito contemporáneo del algarrobo es su uso como el sustituto natural por excelencia del cacao. La harina de algarroba posee un color, una textura y un perfil de sabor que recuerdan inevitablemente al chocolate, pero con sutiles notas tostadas y una dulzura natural que reduce la necesidad de añadir azúcares refinados a las recetas.
A diferencia del cacao, el algarrobo no contiene ácido oxálico, un compuesto que inhibe la absorción del calcio a nivel renal, lo que permite aprovechar al máximo sus minerales. Tampoco produce las migrañas o la sobreestimulación nerviosa que algunas personas experimentan con el chocolate tradicional debido a la ausencia de compuestos estimulantes.
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