A principios de los años 2000, un equipo de científicos y biólogos instaló un rastreador GPS alimentado por energía solar en el lomo de una joven águila esteparia. El dispositivo, diseñado para ser ligero y no interferir con su aerodinámica, tenía una misión clara: enviar coordenadas precisas de su ubicación cada vez que el ave emprendiera sus viajes.
Nadie en el equipo de investigación imaginó que el dispositivo sobreviviría al implacable desgaste del clima, las tormentas y el tiempo, ni que el águila evadiría con éxito a los depredadores, cazadores y tendidos eléctricos durante veinte años consecutivos, permitiendo registrar su vida entera en los cielos.
Leave a Comment