Miré el blog. Cuatro pasos, cuatro maneras de destapar la verdad, pero había algo que no podía encajar. Paul, dije despacio. ¿Qué le digo a Jacke? Paul levantó la vista. Serio. Nada. No le dices nada. Tiene 7 años, pero me pregunta por mí. Me ve cada semana. Y si dice algo a Amanda, podría. Precisamente por eso no se lo decimos, dijo Paul con firmeza. Los niños no guardan secretos, George. Si Jaque lo sabe, Amanda lo sabe. Y si Amanda sabe que vamos detrás, avisará a Michael.
Desaparecerá. Lo perderemos. Cerré los ojos. Se me apareció la cara de Jacke, su sonrisa con los dientes separados. La forma en que corría hacia mí cuando iba a verlo. Era inocente en todo esto. No merecía quedar atrapado en medio. Vale, dije en voz baja. Lo mantenemos fuera. Paul asintió. Bien. Ahora viene la parte dura. George, tienes que preguntarte qué buscas. Justicia, venganza, cierre. Abrí los ojos y lo miré. Necesito saber por qué. ¿Por qué dejó que Mary muriera?
¿Por qué me hizo creer que se había ido? ¿Porque se llevó mi dinero y se escondió como un cobarde. Esa es la respuesta correcta, dijo Paul. Porque una vez empecemos no hay vuelta atrás. Tendrás tus respuestas, pero puede que no te gusten. Pensé en Mary, en cómo lloró cuando el señor Bradley dio la noticia en el ictus la llevó se meses después en la urna que enterré en Oagot. Una mentira grabada en piedra. He estado viviendo en una mentira durante 4 años, dije con la voz firme.
Ya es hora. Paul me puso una mano en el hombro. Entonces empezamos mañana. El lunes por la mañana seguimos a Amanda y no paramos hasta encontrarlo. Bajé la mirada al blog. cuatro pasos, cuatro maneras de encontrar a mi hijo. Y cuando lo hiciera, iba a responder por cada sola mentira. El martes por la tarde le dije a Amanda que recogería a Jaque del colegio. Era la tapadera perfecta para vigilarla. No hace falta, dijo ella de pie en el marco de la puerta con los brazos cruzados.
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