Por ejemplo, están los que no pueden abrir un ojo sin su café cargado por la mañana para arrancar el motor, o los que sienten que el almuerzo no está completo si no tienen una gaseosa bien dulce y burbujeante al lado.
Y aunque esas bebidas tienen su momento y su encanto, muchas veces nos olvidamos de que el cuerpo lo que realmente está pidiendo a gritos es algo mucho más simple y puro.
Una cosa es segura: por más opciones que existan en el mercado, con todos sus colores y sabores, nada supera la sensación de un refrescante vaso de agua fría cuando el cuerpo realmente tiene sed. Es ese alivio instantáneo que parece que te reinicia el sistema por dentro y te devuelve la energía.
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