Al despertar, el cuerpo libera cortisol, una hormona que ayuda a activar el organismo. Sin embargo, también provoca que el corazón lata más rápido y que los vasos sanguíneos se contraigan, aumentando la presión arterial.
2. Activación del sistema nervioso
Durante el sueño domina el sistema encargado del descanso. Pero al despertar se activa el sistema de alerta, que libera adrenalina y acelera el ritmo cardíaco.
3. Deshidratación nocturna
Después de 7 u 8 horas sin beber agua, la sangre se vuelve ligeramente más espesa. Esto obliga al corazón a trabajar más para mantener la circulación.
Para una persona joven y saludable, estos cambios suelen ser bien tolerados. Pero en adultos mayores, cuyo sistema cardiovascular ya ha trabajado durante décadas, esta transición puede convertirse en un momento delicado.
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