- Duración ideal: Lo recomendable es una siesta de entre 10 y 30 minutos. Más tiempo puede provocar inercia del sueño, es decir, sensación de aturdimiento al despertar.
- Horario adecuado: Las mejores horas para una siesta son entre la 1 y las 3 de la tarde, cuando el cuerpo naturalmente experimenta una bajada de energía.
- Ambiente tranquilo: Busca un lugar oscuro, silencioso y con temperatura agradable.
- Evita siestas muy tarde: Dormir por la tarde-noche puede interferir con el sueño nocturno.

- No dependas de ella todos los días: Úsala como un recurso para potenciar momentos específicos, no como hábito para reemplazar el descanso nocturno.
Incorporar una siesta en la rutina diaria puede ser una estrategia poderosa para quienes necesitan rendir al máximo tanto en lo académico como en lo profesional. Con solo unos minutos de descanso, el cuerpo y la mente pueden renovarse, desbloqueando un potencial que muchas veces se ve limitado por la fatiga acumulada.
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