Me llamo Josefina Morales y esta es la parte de mi historia que nunca conté completa. La gente suele ver a las mujeres como yo —cansadas, con las manos agrietadas y los hombros encorvados— y pensar que somos de hierro. Pero no. Una guarda silencios que pesan más que los años, recuerdos que arden como brasas en el pecho y que nadie, ni siquiera los más cercanos, llega a conocer.
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