FINGIÓ ESTAR EN COMA — PERO LA CÁMARA REVELÓ LO QUE LA MADRASTRA LE HACÍA AL HEREDERO…

FINGIÓ ESTAR EN COMA — PERO LA CÁMARA REVELÓ LO QUE LA MADRASTRA LE HACÍA AL HEREDERO…

Se acercó lentamente a la cama. Diego pudo oler su perfume: Chanel No. 5, el mismo que usaba Carolina, su primera esposa, la madre de Santiago, muerta hacía dos años de cáncer. Isabela se había asegurado de usar exactamente el mismo aroma para “honrar su memoria”, había dicho en su momento.

Diego había creído que era un gesto de sensibilidad.

Ahora sabía que era pura apropiación. Una manipulación macabra.

— Patético… — susurró Isabela, tan bajo que solo alguien a centímetros de distancia podría oírla.

Su voz destilaba desprecio puro.

— Diego Navarro, el gran magnate, dueño de Navarro Industries, ochocientos millones de pesos en activos… y ahora un simple vegetal.

Se rio. No era una risa histérica. Era una risa genuina, casi divertida, como si estuviera disfrutando de un chiste privado.

— ¿Sabes qué es lo mejor de todo? — continuó, inclinándose aún más cerca de su oído —. Que tu hijo, tu precioso Santiago, va a crecer pensando que yo soy lo mejor que le ha pasado en la vida. Porque voy a ser la viuda perfecta… la madrastra dedicada.

Y cuando cumpla 18 y controle su herencia… — se detuvo, disfrutando del momento —. Bueno, los accidentes pasan, especialmente a adolescentes imprudentes.

Diego quería gritar. Quería levantarse de la cama, envolver sus manos alrededor del cuello de esa mujer y apretar hasta que dejara de hablar para siempre.

Pero no se movió.

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