Rosas, velas, vino… todo perdió su significado.
La noche de bodas, la noche en que se suponía que estaría en brazos de mi esposo, se convirtió en la noche en que presencié cómo su corazón se volvía hacia otra persona.
—Lo siento —dijo Daniel con la voz entrecortada—.
Sé que me equivoqué, pero no quiero ocultártelo. Intentaré olvidarla para construir nuestra felicidad.
Miré al hombre que era a la vez mi marido y el hombre que amaba, y me di cuenta de que en sus ojos todavía había la sombra de otra persona.
No lloré. Simplemente me quedé quieta hasta la mañana, viendo cómo los primeros rayos de sol se filtraban por las cortinas, iluminando los pétalos dispersos.
Mientras Daniel seguía sentado tranquilamente junto a la ventana, me acerqué con una voz extrañamente tranquila:
Daniel, no te culpo por tener un pasado. Pero no puedo vivir a la sombra de nadie, ni puedo obligarme a esperar a alguien que no está listo para estar conmigo de todo corazón.
El matrimonio no es una prueba para comparar tu antiguo amor con el nuevo.
Eres joven, mereces un amor completo, no a medias”.
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