Su inconfundible color amarillo y su forma tan característica las convierten en un alimento sumamente fácil de reconocer desde la distancia. Cuando visitamos los mercados o los supermercados locales, es común verlas agrupadas en grandes racimos, esperando ser elegidas por quienes buscan algo verdaderamente práctico.
A medida que maduran, su apariencia exterior va cambiando lentamente, adquiriendo pequeñas pecas oscuras que indican su textura ideal y su punto máximo de dulzor.
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