Había noches en que se despertaba y no recordaba dónde estaba. El diagnóstico llegó en 2015. Demencia senil etapa temprana. Es progresiva, les explicó el doctor. Va a empeorar gradualmente. Tendrán días buenos y días malos, pero la tendencia será hacia el deterioro. Miguel recibió la noticia como un puñetazo en el estómago. Su Teresa, su amor eterno, su compañera de vida, se estaba desvaneciendo ante sus ojos. “No importa”, le dijo esa noche, abrazándola mientras ella lloraba.
Te voy a cuidar como tú me cuidaste cuando tuve el accidente. Vamos a enfrentar esto juntos como hemos enfrentado todo. Y lo hizo. Miguel se convirtió en el cuidador más devoto que se pueda imaginar. Le daba sus medicinas, la acompañaba a todas sus citas médicas, la ayudaba cuando se confundía, la consolaba cuando se asustaba.
Teresa tenía momentos de lucidez en los que era completamente ella misma y momentos de confusión en los que parecía perdida en un mundo que solo ella podía ver. Durante uno de sus momentos lúcidos en 2018, Teresa tomó una decisión. Fue al banco sola y cerró su cuenta secreta. convirtió todo el dinero en efectivo y lo guardó en una caja de metal escondida en el fondo de su armario. “Algún día se lo voy a decir”, murmuró para sí misma.
“Algún día voy a encontrar el valor para confesarle todo.” Pero los días pasaban y las oportunidades se desvanecían junto con su memoria. En 2020, la pandemia mundial los obligó a aislarse en casa. Miguel y Teresa, ya en sus 80 pasaron meses encerrados, dependiendo únicamente el uno del otro.
Fueron meses difíciles, pero también hermosos. Sin las distracciones del mundo exterior, redescubrieron el placer simple de estar juntos. Miguel le leía libros a Teresa cuando ella no podía concentrarse para leer sola. Teresa le preparaba sus platillos favoritos cuando tenía días buenos.
¿Sabes qué?”, le dijo Miguel una tarde mientras veían el atardecer desde su jardín. “A pesar de todo lo que hemos pasado, a pesar de la enfermedad, a pesar de estar viejos y cansados, estos han sido algunos de los días más felices de mi vida”. Teresa lo miró con ojos llenos de amor y dolor. “Miguel, hay algo que necesito decirte.
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