Mientras la conversación avanza, las ideas se vuelven revelaciones. Francisco explica que las líneas no son un simple dibujo, sino lecturas vivas. Cada trazo muestra heridas que aún no sanamos, rutas que tememos recorrer y dones dormidos que esperan ser despertados.
Habla de propósito, de destino y de señales invisibles que no dependen del ego, de la apariencia ni de las máscaras. Las manos, insiste, jamás mienten.
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