La muerte llega sin pedir permiso. A veces entra tan silenciosa en el hogar, que hasta el aire parece cambiar. De pronto, el cuarto donde alguien respiró, rió y oró queda inmóvil, como si el tiempo se hubiera detenido. Frente a esa quietud surge una pregunta que muchos sienten, pero pocos dicen en voz alta:

¿Está mal dormir en la cama de quien ya partió?
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