“Qué interesante que menciones a los doctores, porque ayer tuve una conversación muy reveladora con la enfermera Patricia Sandoval. ¿Sabes qué me dijo? El silencio que siguió fue absoluto. Ni siquiera se escuchaba el tic tac del reloj suizo de la chimenea. Me dijo que las marcas en mi pecho no eran compatibles con una caída hacia adelante.
Me dijo que parecían marcas de manos empujando hacia atrás y me dijo algo más interesante aún. Esperanza retrocedió hasta quedar contra la pared, sus ojos grises llenándose de terror puro. Me dijo que tú habías estado en el hospital tres horas antes de que llegara la ambulancia. 3 horas esperanza. ¿Qué hacías ahí? Sobornando al personal para que no hicieran preguntas incómodas. Ricardo miró a su madre con una expresión que jamás había tenido duda.
Por primera vez en sus 31 años vio grietas en la fachada perfecta de la mujer que había idolatrado toda su vida. Mamá, ¿es cierto eso? Esperanza abrió la boca, pero no salieron palabras, solo un gemido ahogado de animal acorralado. Camila se acercó a su esposo, tomó su rostro entre sus manos y lo miró directamente a los ojos. Ricardo, tu madre mató a nuestro hijo.
Y si no haces algo al respecto, si sigues protegiéndola como has hecho toda tu vida, juro por la memoria de nuestro bebé que esto no se va a quedar así. Y en ese momento, mientras las lágrimas corrían por las mejillas de Ricardo y Esperanza se desplomaba en una silla soyloosando, Rosario apareció en la entrada del comedor. En sus manos temblorosas sostenía algo que hizo que a esperanza se le detuviera el corazón.
“Señora Camila,” dijo con voz quebrada, “Encontré esto limpiando el desván esta mañana. Creo que usted necesita verlo. Era una caja de madera tallada, antigua y pesada. Y cuando Camila la abrió, lo que vio dentro cambió todo para siempre. Fotografías, cartas, documentos médicos y nombres. Muchos nombres de mujeres que habían vivido en esa mansión a lo largo de los años.
Mujeres que habían tenido accidentes. Mujeres que habían desaparecido misteriosamente, mujeres que habían amenazado el reino de esperanza Mendoza. ¿Qué secretos oculta esa caja misteriosa? ¿Cuántas víctimas ha cobrado la crueldad de esperanza? ¿Será capaz Ricardo de enfrentar la verdad sobre su madre? La caja de madera tallada parecía pesar 1000 kg en las manos temblorosas de Camila.
Cada fotografía que sacaba era una puñalada directa al corazón de la verdad que había permanecido oculta durante décadas en los cimientos de la mansión Mendoza. Las imágenes en blanco y negro mostraban rostros de mujeres jóvenes todas hermosas. Todas con la misma expresión de terror en los ojos.
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