Rugió Esperanza. Ricardo padre se estaba enamorando de ella. iba a dejarme a mí y a nuestro hijo por esa pequeña doctora perfecta. En ese momento, el comandante Vázquez recibió otra llamada por radio. Su expresión se volvió aún más grave. Acabamos de encontrar cinco esqueletos más en el jardín posterior.
Todos mujeres jóvenes enterradas en diferentes épocas durante los últimos 40 años. Rosario se puso de pie temblorosa, señalando hacia Esperanza con una mano que parecía poseída. Las empleadas, las empleadas que desaparecían misteriosamente. Siempre decía que se habían ido a buscar trabajo a otras ciudades, pero yo sabía que algo malo había pasado. ¿Qué empleadas?, preguntó el fiscal.
Las que sabían demasiado, gritó esperanza ya completamente desquiciada. Las que hacían preguntas sobre las muertes accidentales. Las que amenazaban con ir a la policía. Camila sintió náuseas al comprender la magnitud de los crímenes. Cuántas esperanza. ¿Cuántas mujeres mataste en total? Las suficientes para proteger a mi familia, a mi hijo, a mi fortuna, a mi posición social.
El doctor Salinas encontró en la caja una libreta negra escrita con la caligrafía perfecta de esperanza. Al abrirla palideció completamente. Comandante, esto parece ser un registro detallado de todos los asesinatos leyó en voz alta con voz quebrada. Adriana Herrera Morales, octubre 1985. Empujada desde las escaleras principales. Motivo: amenazaba mi matrimonio con Ricardo.
Herencia obtenida, Hacienda San Miguel, 50 millones de pesos. Sigue leyendo, ordenó el comandante Carmen Esperanza Mendoza, abril 1988. Envenenada con estrignina en su té ves espertino. Motivo, comenzó a sospechar que Ricardo era mi hijo biológico. Herencia obtenida, control total de las empresas familiares. Ricardo emitió un gemido animal.
Su supuesta madre había sido envenenada por su verdadera madre, Isabela Ramírez Vega. Octubre 1998. Empujada desde las escaleras principales. Motivo: descubrió irregularidades financieras y amenazó con denunciarme. Herencia obtenida, 30 millones en propiedades. La lista continuaba nombre tras nombre, vida tras vida, arrebatada por la ambición desmedida de una mujer que había convertido el asesinato en su forma de resolver problemas.
Gabriela Mendoza Herrera, diciembre 2001. empujada desde las escaleras durante sus juegos infantiles. Motivo bastarda que amenazaba la herencia de Ricardo. No hubo ganancia monetaria, solo protección familiar. Una niña de 8 años, gritó Camila. Mataste a una niña inocente. Iba a crecer y reclamar lo que no le pertenecía. Chilló Esperanza.
Los bastardos no tienen derechos en una familia decente. El fiscal continuó leyendo los nombres de las empleadas asesinadas. Socorro Ramírez, Rosa María González, Patricia Villalobos, Ana Lucía Herrera, Esperanza Torres, cinco mujeres trabajadoras que habían tenido la mala suerte de presenciar algo que no debían. Cuando terminó la lectura, el silencio en el comedor era sepulcral.
15 mujeres muertas, 15 vidas arrebatadas por la codicia y la locura de una sola persona. 15 asesinatos murmuró el comandante Vázquez. Es la asesina serial más prolífica en la historia criminal de México. Esperanza se irguió con orgullo enfermizo, como si hubiera logrado un récord admirable.
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