Los dermatólogos coinciden en que las causas más frecuentes están relacionadas con el fotoenvejecimiento, es decir, el desgaste natural de la piel debido a la radiación solar. La predisposición genética también desempeña un papel relevante, al igual que los cambios propios del envejecimiento cutáneo, especialmente después de los 40 años. Las personas con piel clara, así como quienes han pasado largos periodos expuestos al sol sin protección, suelen ser quienes reportan esta condición con mayor frecuencia. Es importante destacar que no está vinculada a infecciones, alergias, hongos ni enfermedades graves, por lo que no constituye un riesgo para la salud.
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