Cruel, Adrián, comparado con lo que me hiciste esa noche, esto no es nada. Adrián apretó los dientes. Eso fue el pago por lo que tu padre le hizo a mi familia. Ah, sí. Ella esbozó una sonrisa burlona. ¿Y en qué te basaste para sentenciar a mi padre como culpable? En unos cuantos papeles de origen dudoso que te dio Lucía. Adrián, que el director de un gran grupo empresarial se deje cegar por la emoción y el odio hasta el punto de no distinguir la verdad.
Das verdadera lástima. ¿Cómo te atreves? La ira de Adrián llegó a su punto máximo, pero antes de que pudiera hacer nada, Elena se levantó y se enfrentó a él. La distancia entre ellos era de apenas un palmo. Déjame que te lo diga claro. Si el grupo serrano se ha derrumbado hoy, no es por mi culpa, sino por las lagunas en tu propia gestión, por tu avaricia y los métodos sucios que usaste para construir tu supuesto imperio. Evasión de impuestos, fraude contable, uso de materiales de mala calidad.
Todo es verdad, ¿no? Yo solo ayudé a que esos hechos salieran a la luz. Deberías estarme agradecida. Cada una de sus palabras destrozaba su orgullo. Sí, todo lo que decía era verdad. Había utilizado todo tipo de métodos para hacer crecer el grupo serrano lo más rápido posible y obtener el poder para vengarse. Había acabado su propia tumba y Elena simplemente lo había empujado dentro. La miró profundamente a los ojos, buscando alguna emoción familiar, un atisbo de vulnerabilidad, un rastro de amor persistente, pero no encontró nada, solo una fría certeza.
Elena retrocedió un paso, manteniendo una distancia segura. “La humillación que me diste esa noche te la he devuelto 100 veces en tu carrera, Adrián. Consideremos que estamos en paz.” Al terminar se dirigió a la puerta y la abrió. “Por favor, vete. A partir de ahora no existe ninguna relación entre nosotros. Mi abogado te enviará los papeles del divorcio pronto.” Adrián se quedó congelado en medio del salón. había venido a pedir explicaciones, pero acabó siendo expulsado como un perdedor.
Al cruzar el umbral, no se atrevió a mirarla. La puerta se cerró tras él y una vez más fue expulsado de su mundo. Días después, Madrid seguía conmocionada por las secuelas del terremoto del grupo serrano. El grupo había recibido un golpe mortal y apenas se mantenía a flote, pero las pérdidas financieras y el daño a su reputación eran incalculables. Adrián desapareció de la vista pública, aparentemente dedicado en cuerpo y alma a contener el caos. En el ático, Elena recuperaba gradualmente el ritmo de su vida.
Ya no seguía las noticias con Frenesí. La ira y el dolor iniciales se habían calmado, reemplazados por el análisis frío y la racionalidad de una experta en psicología criminal. Estaba sentada en la alfombra del salón. Frente a ella había una gran pizarra blanca en la que estaba dibujado un complejo diagrama de relaciones entre la familia Serrano y la familia Morales. Varios eventos, líneas de tiempo y personas involucradas estaban conectados con flechas. La venganza de Adrián había sido cruel, pero tenía su propia lógica.
Él creía que el padre de ella había perjudicado al suyo, pero Elena conocía a su padre mejor que nadie. Fernando Morales era un hombre de negocios que valoraba los principios. Por muy feroz que fuera la competencia, nunca usaría métodos tan viles como para llevar a alguien a la muerte. Tenía que haber algo más, sonó el timbre. Al comprobar la pantalla de seguridad, vio que era David. Abrió la puerta y él entró con recipientes de comida y una gruesa carpeta de documentos.
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