El Dr. Víctor Peña venía altamente recomendado. La consulta fue breve, pero profesional. Peña rondaba los 40ent y tantos, confiado como suelen ser los cirujanos, con cabello gris acero y manos que se movían con precisión practicada. Procedimiento simple, señor Quintana. Entrará y saldrá en menos de una hora había dicho Peña apenas mirándolo mientras revisaba los formularios de consentimiento. La mañana del procedimiento, Camila lo llevó a la clínica. parecía nerviosa, revisando su teléfono repetidamente en la sala de espera.
“¿Estás bien?” “Estamos preocupados por ti.” Lo besó en la frente, pero sus ojos se desviaron hacia el pasillo donde el doctor Peña acababa de desaparecer. La anestesia llegó y Gonzalo sintió el familiar deslizamiento de la conciencia. La enfermera quirúrgica, una joven con ojos cansados, ajustó los monitores sobre él. “Cuente hacia atrás desde 10, señor Quintana.” le indicó 10 98 y luego nada, hasta que las voces lo trajeron de vuelta a la superficie. La mente de Gonzalo flotaba en ese espacio extraño entre la conciencia y el sueño.
Podía oír voces, pero no abrir los ojos. No podía moverse. La anestesia lo mantenía suspendido. ¿Su esposa sigue en la sala de espera?, preguntó la voz baja y tensa del doctor Peña. Sí, doctor. Era la enfermera sonando incierta. Bien, después de terminar necesito que le des este sobre. No dejes que él lo vea. Ella sabe que viene. El corazón de Gonzalo se aceleró, pero los monitores no alarmaron. Las drogas en su sistema mantenían su cuerpo quieto, aunque su mente gritaba alerta.
Se concentró en mantener la respiración estable, los ojos cerrados. “Doctor, no me siento cómoda, empezó la enfermera. Te pagan para asistir, no para opinar. Dale el sobre cuando esté en recuperación. Estará sola en la sala de consulta. ¿Entendido? Una pausa. Sí, doctor. Gonzalo oyó el roce de papeles, luego pasos alejándose. Se obligó a permanecer inmóvil mientras el procedimiento continuaba. Su mente corría por posibilidades, cada una peor que la anterior. ¿Qué había en ese sobre? ¿Por qué Camila sabía que venía?
¿Cuánto tiempo llevaban planeando esto? 30 minutos después lo llevaron a recuperación. Mantuvo los ojos entrecerrados, observando a través de las pestañas, mientras la enfermera, su placa decía Torres, se movía nerviosa por la habitación. Miraba la puerta una y otra vez con el sobre asomando parcialmente de su bolsillo del uniforme. Camila apareció en la entrada. ¿Puedo verlo? Aún está saliendo de la anestesia, dijo la enfermera Torres. El doctor Peña quiere hablar con usted primero. Sala de consulta dos al final del pasillo.
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