Los especialistas señalan que estos rituales ayudan a integrar la pérdida en la vida cotidiana. No se trata de quedarse anclado al pasado, sino de darle un lugar a la ausencia, de reconocerla y, con el tiempo, aprender a convivir con ella. Para ciertas personas, este proceso se facilita mediante visitas regulares; para otras, no resulta necesario en absoluto.
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