Paloma asintió.
—No es perfecto, pero ayuda. Reúna todo lo relacionado con el departamento. Herencia, pagos, transferencias, estados de cuenta. Si ese inmueble se pagó mayoritariamente con recursos suyos, tenemos margen para pelear fuerte.
—No quiero que él reciba ni un metro cuadrado.
—Lo intentaremos. Pero le haré una pregunta que le hago a todos: ¿está completamente segura?
La miré a los ojos.
—Sí.
Paloma no volvió a insistir.
Salí de su oficina con la sensación extraña de haber dado el primer paso real hacia algo irreversible. Y, sin embargo, todavía no entendía que lo peor no había terminado.
Al atardecer lo descubrí.
Emiliano me estaba esperando abajo del edificio.
Apagó un cigarro cuando me vio y se acercó con la cara devastada de quien ensaya dolor frente al espejo.
—Necesito hablar contigo.
Quise ignorarlo, pero me sostuvo del brazo. Me zafé con una violencia que me sorprendió hasta a mí.
—No me vuelvas a tocar.
Él levantó las manos, rendido.
Leave a Comment