Encontré esto en el baño y nadie logra identificarlo: ¿sabes qué podría ser?

Empezamos a lanzar teorías, una más absurda e inquietante que la anterior.

—¿Y si es algún tipo de parásito? —preguntó Laura, dando un paso atrás.

—No lo sé… quizá es moho, o algo que cayó del techo —respondí, aunque no sonaba convencido.

Mientras hablábamos en voz baja, el ambiente parecía cada vez más incómodo. Sabíamos que probablemente estábamos exagerando, pero la sensación de extrañeza no desaparecía. Era sorprendente cómo algo tan pequeño podía alterar por completo la tranquilidad de una mañana normal.

Aquel instante fue una extraña lección: basta con que algo desconocido aparezca en un lugar cotidiano para que nuestra percepción de seguridad se tambalee.

La incertidumbre alimenta el miedo

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top