Desde una perspectiva biológica, la piel es un órgano dinámico que experimenta cambios a lo largo de la vida. A medida que envejecemos, la actividad de las glándulas sebáceas y sudoríparas disminuye, afectando la producción de aceites y sudor. Esto, combinado con la pérdida de humedad en la piel, podría contribuir a la percepción de un olor diferente. Sin embargo, estos cambios no se producen de manera uniforme en todas las personas, y la genética, la salud general y los hábitos de cuidado personal también desempeñan un papel crucial.
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