Los primeros días fueron tensos.
Nadia seguía desconfiando de Víctor.
Después de todo, era un exconvicto desconocido que había aparecido de la nada.
Pero lentamente las cosas comenzaron a cambiar.
Víctor reparó ventanas, cortó leña, arregló el techo y compartió la poca comida que conseguían.
Sergio fue el primero en encariñarse con él.
El niño empezó a seguirlo a todos lados mientras lo ayudaba con pequeñas tareas.
Y poco a poco, Nadia dejó de verlo como una amenaza.
Una noche, mientras hablaban junto a la estufa, ella finalmente le contó toda la verdad.
Leave a Comment