El recorrido fue brutal.
Durante horas avanzó entre pantanos, lluvia helada y barro profundo. Varias veces cayó agotado.
Su cuerpo, debilitado por la prisión, apenas resistía.
En un momento incluso pensó en rendirse.
Pero entonces recordó el rostro de Sergio intentando respirar.
Y siguió adelante.
Finalmente alcanzó el viejo cerro.
Allí, con apenas una mínima señal en un teléfono viejo y dañado, consiguió enviar el mensaje más importante de su vida.
La orden fue enviada a su antiguo abogado suizo, León Barrera.
Pero esta vez todo no ocurrió de inmediato.
León llevaba años reuniendo pruebas, rastreando cuentas y preparando investigaciones silenciosas. Solo esperaba la autorización final de Víctor para actuar.
Y esa autorización acababa de llegar.
Leave a Comment