Al día siguiente apareció Mauro junto a varios hombres armados.
Intentó comprar a Víctor con dinero y amenazas.
Pero el exempresario no se intimidó.
—Vos no sos un empresario —le dijo fríamente—. Sos un cobarde que envenena chicos para ganar más plata.
Mauro perdió el control.
Juró destruirlos.
Aquella misma noche mandó incendiar la casa.
Víctor logró apagar el fuego antes de que las llamas consumieran todo, pero entendió perfectamente el mensaje.
La guerra había comenzado.
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