Y aunque cada persona es diferente, vale la pena intentarlo. Porque dormir bien cambia la vida más de lo que imaginamos. Uno piensa mejor, tiene más energía, más paciencia y hasta disfruta más los momentos cotidianos.
A mis 102 años, eso fue exactamente lo que hice. Dejé de resignarme, cambié pequeños hábitos y poco a poco recuperé mis noches de descanso. No fue magia. Fue constancia, observación y ganas de sentirme mejor.
Y honestamente, volver a dormir tranquilo después de tantos años fue una de las mejores decisiones que tomé en mi vida.
Leave a Comment