Y claro, está la evidencia: somos seres sociales y es imposible desconectar la atracción como si fuera un interruptor. En el día a día convivimos con personas que pueden parecernos atractivas por múltiples razones: su humor, su energía, su forma de hablar, su personalidad o incluso la simple química inexplicable que a veces surge entre dos personas. Negar eso sería irreal. Lo que sí puedes controlar es el espacio que le das a esa atracción en tu vida.
Una buena manera de manejar este tipo de situaciones es aprender a diferenciar entre sentir y actuar. Sentir es humano. Actuar desde la impulsividad, sin pensar en las consecuencias, es lo que puede generar daño. Por eso vale la pena observarte con calma. ¿Estás dedicando demasiado tiempo a fantasear con esa persona? ¿Te descubres comparándola con tu pareja constantemente? ¿Te genera ansiedad o entusiasmo solo pensar en verla? Todas esas señales dicen mucho, no sobre la otra persona, sino sobre lo que está pasando contigo.
Leave a Comment