Entre los detonantes más comunes y peligrosos se encuentran el llevar una vida sedentaria y la falta de ejercicio regular, lo que debilita el músculo cardíaco con el tiempo.
A esto se le suma el impacto de enfermedades crónicas como la hipertensión arterial y la obesidad, que actúan de la mano con el hábito del tabaquismo para crear un escenario crítico.
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